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El taller del gnomo

El taller del gnomo

Todo sobre las hermandades en World of Warcraft


Toda historia tiene un comienzo

Publicado por Potopo Roscatuerca activado 18 Abril 2014, 23:30pm

Etiquetas: #La tontería de la semana, #relato, #Potopo, #zaeryel, #brujo, #gnomeregan

Hoy en día me consideran un heroe, un brujo poderoso, un maestro de hermandad experimentado y hasta un heroe de la alianza en algunos puntos del mapa. Pero no siempre fue así, empecé como todo el mundo con nivel 1, sin experiencia, y descubriéndolo todo con ilusión en la mirada.

Creo que es el momento de que os ponga aquí algo que escribí hace tiempo, la historia misma de quien soy y el como he llegado a serlo. Es algo antigua ya y seguramente debería actualizarla, pero espero que os guste, y que os ayude a conocerme (y entenderme) un poquito mejor.

Toda historia tiene un comienzo

Por favor permitid que me presente. Mi nombre es Potopo Roscatuerca aunque son muchos los que me conocen tan solo como Potopo, Poto, o Jefe... en realidad no llego a comprender a día de hoy como he llegado hasta aquí pero por suerte tengo a mi lado la vieja Q.E.B que he utilizado desde que tengo memoria para ir almacenando mis recuerdos.

Nací en Gnomeregan hace 71 años, no es mucho si tenemos en cuenta que la edad media de un gnomo es de 200 años y se han dado casos de algunos que han conseguido llegar a los 500, mido 92 cm y medio, así que se puede considerar que soy alto para los standares de la raza y tan solo peso 20 kilos (uno de estos días tengo que ponerme a dieta), sigo estándo soltero. Aunque hace bastante tiempo que me eché novia formal, y no tanto que nos prometimos.

Mi vida en Gnomeregan era la normal de cualquier gnomo de mi edad, estudiar los nuevos esquemas de los maestros ingenieros para aprender de ellos, hacer carreras a lomos de los robots barredores, sacar a mi hermano de la taberna cuando se emborrachaba... lo normal vamos, ¿no os lo había dicho? tengo un hermano, de hecho la única familia que me queda son el y mi pequeña sobrina.

Yo vivía feliz, y mis máximas aspiraciones eran las de inventar nuevos aparatos sin que me explotasen en la cara. Incluso tuve mis éxitos ¿habeis visto el peina-ratas 2.5? ese lo inventé yo, pero desde que los goblin sacaron el decora-alimañas 300 ya nadie lo usa. Como decía yo era feliz allí al menos hasta que ocurrió la desgracia.

Un día levanté la cabeza de mi mesa de trabajo (me había vuelto a quedar dormido allí) y la ciudad estaba sumida en el caos, solo se veían explosiones (demasiadas), robots de seguridad corriendo en todas direcciones, guerreros equipados con las armaduras completas, maestros ingenieros corriendo con rollos de esquemas debajo del brazo, y sobre todo gnomos muertos... y Troggs.

Los malditos Troggs habían entrado en la ciudad y nos habían cogido por sorpresa, según me enteré más tarde todo se debió a una traición del Mekingeniero Termochufe que aliado con los enanos Hierro Negro, dejó abierta la puerta del gran taller para permitirles la entrada a ellos y al ejercito de Troggs.

Todo sucedió en un abrir y cerrar de ojos porque nadie lo esperaba. Nuestro Rey el Gran Manitas Gelbin Mekkatorke hizo lo que pudo por contrarrestar la ofensiva, por desgracia ya era tarde cuando pudo reaccionar y tan solo quedaba una solución por tomar. LA DIRECTIVA FINAL.

La directiva había sido el gran secreto de los Mekingenieros durante muchos años, un secreto que pasaban de unos a otros y que todos esperaban que nunca hiciese falta usar. Pero el momento era crítico, Gnomeregan no tenía salvación, y no podíamos recurrir a nadie porque el resto de las fuerzas de la alianza tenían sus propios problemas. Así que Mekkatorke dió la orden y la G.B.R (Gran Bomba Radiactiva) explotó en la ciudad consiguiendo impedir el avance total de los invasores, pero cogiendo en el camino de la onda expansiva a muchos de los nuestros que desde ese día contrajeron la llamada enfermedad del Gnomo-loco, y se niegan a abandonar la ciudad pese a lo que significa permanecer en ella, (que el gran ingeniero los acoja en su taller).

Los mayoría de los que conseguimos sobrevivir a la invasión y el estallido de la bomba nos dirigimos juntos a la gran ciudad de Forjaz, la capital de los Enanos. Yo nunca había estado fuera de los túneles y en aquel momento la luz del día me parecía cegadora, pero aun así tenía los ojos abiertos como escudos para no perderme ningún detalle de lo que allí ocurría, fuimos recibidos por el rey de los enanos en persona, que nos acojió con los brazos abiertos y nos ofreció todo su apoyo y un nuevo lugar donde vivir.

Me instalé en forjaz para permanecer cerca de los mios y terminar mis estudios de ingeniería, pero las cosas habían cambiado. Aquella ciudad provocaba en mi nuevas sencaciones que me hacían querer verlo todo, y aprenderlo todo de los Enanos. Así fue como aprendí todo lo que se de la minería, me interesé por la cocina, puse interés en aprender a montar todo tipo de bichos vivientes y mecánicos, hasta hice un curso de primeros auxilios. Y aún así me sobraba tiempo para echar el anzuelo de vez en cuando.

Fue uno de esos días en los que paseando por la ciudad llegué a una caverna abandonada con poca luz, y en la que nadie miraba a nadie a la cara, era todo muy tenebroso y lúgubre, pero aún así me llamó la atención y en vez de huir como habría hecho cualquier otro me senté sobre un barril y me quedé a mirar la gente que pasaba por allí. No tardé en darme cuenta de que todos los que iban y venían por la zona llevaban vestidos de tela, y que eran muchos los que tenían tras de si a unos extraños seres que olían a azufre.

Allí estaba yo preguntandome que podía ser todo aquello cuando de repente el mundo se paró ante mis ojos.

Tenía ante mi a la más bella gnoma que hubiese visto nunca, ojos grandes, cara pecosa, pelo brillante y un pequeño ser verde que brincaba detrás suyo. Tenía que saber como se llamaba así que hice de tripas corazón, me acerqué a ella y busqué una excusa para iniciar la conversación.

- Perdona, ¿qué es eso que te sigue? (le dije)
- ¿Esto? es mi diablillo
- Ah, que... pintoresco ¿donde lleva las pilas?

Y por toda respuesta se rió, pero no fue una risa burlona, era dulce y melodiosa como el murmullo de un motor a ralentí. Estuvimos hablando casi 2 horas, me dijo que se llamaba Zaeryel y que estudiaba para ser bruja, el tiempo pasó volando hasta que se hizo tarde y se despidió de mi.

Al día siguiente me levanté temprano, me peiné, me afeité, me puse mi mejor tabardo y me pasé todo el día sentado en el mismo barril hasta que apareció ella. Cuando me vio se paró a saludarme y estuvimos hablando un rato, entonces me dijo.

- Vaya, llego tarde a clase de maldiciones ¿quieres venir conmigo?

No podía perder aquella oportunidad, era lo más parecido a una cita que podía conseguir, así que la seguí y me llevó a un lugar que nunca olvidaré. Era una casa vieja, oscura y decorada con todo tipo de extraños símbolos y amuletos, dentro había más gente vestida con túnicas, y algunos acompañados por diablillos parecidos al que llevaba Zaeryel. Me senté en la parte de atrás y observé con atención como eran capaces de hacer cosas prácticamente imposibles.

La clase transcurría con aparente normalidad (a exepción del elfo que se quemó las cejas) hasta que un humano al que todos llamaban Maestro Calder se fijó en mi y me dijo...

- Bien Gnomo ahora tú, levantate y ven

Yo no sabía que hacer así que miré a Zaeryel y ella me hizo un gesto para que obedeciese.
Me levanté y fui hasta donde Calder se encontraba.

- ¿eres nuevo verdad? bueno no importa, al menos parece que has prestado atención mientras explicaba como ejecutar correctamente una maldición de agonía

Así era en verdad, le había visto repetir aquellos gestos y palabras más de 10 veces y podía repetirlos. Cogí la varita que me ofrecía y esperé un momento mientras el hablaba acerca del gran peligro que se encontraba detrás de la cortina que iba a correr, pero cuando corrió la cortina... (aquello sí que no me lo esperaba).

Allí detrás estaba uno de los seres a los que más he odiado nunca, un maldito Trogg amarrado con cadenas y sus ojos amarillos inyectados en sangre. Calder seguía hablando pero yo ya no lo escuchaba, tan solo agarré con fuerza la varita y lanzé mi primer hechizo, había sido una ejecución perfecta de una maldición de agonía.

El Trogg se revolvía en el suelo tirando de las cadenas, aullando de dolor mientras me lanzaba miradas de auténtico odio. Y en mitad de aquella escena, con todo el mundo mirando boquiabierto, el Trogg se soltó y salto hacia mi. Lo que ocurrió a continuación fue demasiado rápido como para recordarlo bien, yo dije algo, no sé exactamente el qué, pero de mis manos brotó un cono de llamas hacia el Trogg, del que no quedaron nada más que cenizas.

En la sala sólo había silencio, no se oía ni el sonido de las respiraciones, hasta los demonios se habían callado. Todos me miraban con la boca abierta, y entonces Calder se agachó puso su mano sobre mi hombro y mirándome a los ojos dijo.

- Tienes madera Gnomo, algún día serás un gran brujo

Despues de aquello no podía negarlo, había nacido para ser brujo así que estudié y aprendí todo lo que era posible aprender para convertirme en lo que soy hoy en día. Comencé a recorrer el mundo intentando ayudar a la Alianza en todos los frentes posibles, con la esperanza de que algún día la guerra termine y podamos recuperar Gnomeregan.

Empecé a correr aventuras de todo tipo y a encontrarme en el camino con gente que como yo buscaba su lugar en este mundo. Por eso fundé la hermandad Nobleza, para tener un lugar donde acoger a todos los nobles de corazón que se atreven a elegir su destino.

Fdo: Potopo Roscatuerca

Este texto fue publicado originalmente en los foros de la página de mi hermandad antes de que wowstead desapareciese, pero hasta ahora nunca antes me había decidido a corregirlo. Estaba lleno de todo tipo de errores y faltas, y ya iba siendo hora de recuperarlo.

Espero que os haya gustado, y si queréis comentar algo o ver publicados aquí vuestros propios relatos decídmelo, y hablamos sobre ello.

PD: la imagen que ilustra el relato es obra de mi mujer, y se llama "gnometopia"

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