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El taller del gnomo

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Todo sobre las hermandades en World of Warcraft


La cara, espejo del alma

Publicado por Potopo Roscatuerca activado 18 Septiembre 2014, 00:30am

Etiquetas: #Hace un mes en Mulgore, #hermandad, #maestro de hermandad, #imagen

La cara, espejo del alma
Como cada semana empiezo poniendo a continuación un resumen de 1 artículo que ya había sido publicado en Pastando en Mulgore.

En el juego no podemos decir que nuestra cara sea espejo del alma, más que nada porque no me gustaría saber que tipo de alma tiene un no muerto. Pero sí que podríamos decir sin mucho riesgo que una hermandad es fiel reflejo de su maestro. Y que son su forma de ser, y su estado de ánimo lo que da forma a la hermandad.

En realidad no es sólo el maestro quien crea la imagen de la hermandad, pero sí que es el primero del que se ve algo cuando los demás se encuentran ante ella. Cosas como el nombre de la hermandad o el tipo de hermandad que es, están elegidas por su maestro. Pero no son las únicas que influyen.

Una de las que más peso tiene es la propia gente que compone la hermandad. ¿No os ha pasado nunca que os habéis encontrado con alguien y habéis pensado mal de él sólo porque estaba en una hermandad que no os gusta?.

El causante de esto, de que algunas hermandades sean vistas de esa manera, es que no todos los que están dentro ven la hermandad de la misma forma. Muchos sólo la ven como una herramienta para conseguir de forma fácil algo que quieren, pero no se preocupan por la imagen que dan de ella a los demás.

Al final quien paga las consecuencias de esto es siempre  el mismo. El maestro de la hermandad. Porque es el responsable final de todo lo que ocurra dentro de su hermandad, y a él es a quien se le piden cuentas.

Si tuviese que compararlo con algo más mundano diría que en este caso el maestro es como una madre. Pero no como una madre cualquiera, sino como una de esas que tiene niños revoltosos a los que hay que estar continuamente llamándoles la atención, y de la que siempre hay quien diga algo malo por culpa del comportamiento de sus hijos.

A los maestros de hermandad nos pasa lo mismo. Cuando menos te lo esperas aparece alguien para fregarte la cara por algo que hizo un compañero, a pedirte explicaciones por los actos de los demás, y exigirte disculpas en su nombre.

Los que llevamos tiempo dirigiendo nuestras hermandades hemos tenido que aprender por las malas a afrontar este tipo de problemas, alguno han optado por expulsar a todo aquel del que le llegen quejas, otros han decidido defender a sus compañeros sin importar lo que les digan de ellos, y algunos simplemente se desentienden de estas situaciones. Sea como sea el resultado es siempre el mismo, cuanta peor imagen tenga la hermandad, pero imagen tendrán los demás de quien la dirige, y viceversa.

No sería la primera vez que alguien viene a mi como si me conociese de toda la vida, porque al haber visto o leído cosas sobre la hermandad ya se ha hecho una idea de como debo de ser yo. Y por supuesto al revés también, gente que me conoce a mi y quiere entrar en la hermandad pensando que esta en conjunto se comportará igual que yo lo hago.

Al final y con el tiempo la hermandad es como los buenos perros, esos que terminan pareciéndose al dueño y que pueden hacer que te sientas orgulloso de ellos, o que por el contrario te hagan sentir vergüenza ajena. En el juego yo no tengo cara, pero sí que tengo una hermandad, y la forma en la que los demás la ven lo dice todo de mi y de los que me acompañan.

Os recuerdo que esto no es más que un resumen de lo que ya fue publicado en PEM, si queréis leerlo íntegro junto con los comentarios de los lectores podéis hacerlo aquí.

PD: No os olvidéis de que estamos intentando que este sea el año de la mujer jugadora. Colaborad con nosotros para que podamos hacerlo posible.

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