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El taller del gnomo

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Todo sobre las hermandades en World of Warcraft


Escuela de mercenarios (parte 1)

Publicado por Potopo Roscatuerca activado 16 Octubre 2014, 00:30am

Etiquetas: #Hace un mes en Mulgore, #relato, #hermandad, #plaga, #cuento, #historia, #Azeroth

Escuela de mercenarios (parte 1)
Como cada semana empiezo poniendo a continuación el resumen de 1 artículo que ya había sido publicado en Pastando en Mulgore.

Hoy he decidido no escribir nada aquí, porque aunque no os lo creáis de tanto escribir uno se queda sin ideas. Por eso he decidido que lo mejor era tirar mano de lo que han dicho otros, y he preferido traeros algo que escuché el otro día mientras bebía una cerveza en la posada.

Fue un bardo quien me la cantó, instrumento en mano a cambio de unas cervezas, y me pareció tan buena que decidí que no la podía guardar para mi solo. Espero que os aproveche igual que al bardo le aprovechó la bebida.

 
No mucho tiempo ha que siguiendo el camino que conducía a mi destino me encontré en el sendero con otro viajero, que marchando en la misma dirección unió su sombra a la mía para darnos compañía y mutua protección. He aquí la historia de ese caminar que juntos andamos aquel viajero y yo, desde donde nos encontramos hasta que nos dijimos adios.

 
Era un hombre viejo con la túnica remendada y el pelo cano que para conservar el equilibrio se apoyaba en su cayado. Le pregunté el nombre y su respuesta fue – puedes llamarme anciano –

– Si vos sois anciano bardo yo soy, porque ando los caminos contando historias allá por donde voy – Seguimos camino juntos, riendo, hablando y por pasar el rato jugando algún juego, hasta que al fin cayó la tarde y decidimos pasar la noche a un lado del camino, junto al fuego. Al calor del fuego compartimos alimento, el puso el pan y yo puse el vino.

Todo era silencio, tan solo el crujido de las llamas y el sonido del viento, el anciano me miró y como si no me viera, con la mirada perdida en su memoria asi me habló. – ¿Dices que eres bardo?, pues deja que este anciano te cuente una historia –

Y así tal y como aquel anciano me la contó a la orilla del camino os cuento yo a vosotros esa historia, sin poner nada por mi mano y cuando mas añadiendo el sonido del laud para hacer más llevaderas las palabras de aquel anciano.

Así empieza…

 
Hace muchos años… bastante antes de que tú nacieras, cuando yo tenía más o menos tu edad y tu padre seguramente no era más que un niño, todo era distinto a como es ahora. Había elfos sí, y enanos y gnomos, incluso trols y taurens, pero los no-muertos eran algo nuevo y no estábamos preparados para ellos.

La plaga era reciente y al contrario que ahora que existen los renegados en aquel entonces todos los no-muertos eran esclavos del rey exánime. Por donde quiera que pasaban sembraban la destrucción, y las ciudades y pueblos caían bajo las hordas de resucitados. Donde quiera que fueses sólo se escuchaban noticias de la plaga que asolaba el continente. Todos nos hacíamos preguntas, ¿llegarán aquí, los parará alguien por el camino, por qué los reyes no hacen nada?, pero nadie tenía respuestas.

Un día nos llegó la noticia que tanto temíamos, la plaga estaba llegando a las afueras del pueblo. Hubieron gritos llantos y lamentos, planes de defensa y búsqueda precipitada de lugares donde ocultarnos; pero no quedaba tiempo.

Estaban tan cerca que si queríamos dar a los niños y ancianos la oportunidad de sobrevivir teníamos que entretener al enemigo todo el tiempo que fuese posible, teníamos que luchar. Y allí estábamos nosotros un grupo de 25 jóvenes formado por campesinos pastores y artesanos que nunca antes habían entrado en combate, sin más armas que algunas herramientas y palos, pero con la esperanza de que nuestro sacrificio serviría para poner a salvo a nuestras familias.

Llegaron al despuntar el alba. Venían todos juntos sin ningún tipo de formación como si fuesen un rebaño asesino, nosotros nos miramos los unos a los otros, encomendamos nuestras almas a la luz, y al grito de “por nuestras familias” empezó la batalla.

Creeme, fue una batalla y ninguno de nosotros esperaba salir de allí con vida, pero algunos lo hicimos. Mientras nuestras familias huían nosotros luchamos a muerte, y cuando llegó el alba del día siguiente el sol nos encontró de pie, sangrando sobre una montaña de cadáveres. Sólo quedábamos 5 de nosotros, nuestros compañeros habían caído y vuelto a levantar… tuvimos que matarlos.

Pero al final y eso es lo que importa, conseguimos salvar a nuestro pueblo. Nosotros unos simples campesinos sin entrenamiento ni armas habíamos detenido a toda una marea de no-muertos, y éramos los primeros en hacerlo.

La noticia corrió como la pólvora y antes de que hubiésemos terminado de enterrar a nuestros amigos empezó a llegar gente de los pueblos vecinos, querían conocernos, nos trataban como a héroes, y nos llamaban los protectores del inocente.

 
Como toda buena historia contada a la luz de la lumbre esta no terminará hoy. Podría concluirla pero no lo haré porque eso sería hacerla demasiado extensa; la continuaré la semana que viene, y por si alguno se lo quiere preguntar, no, no me he vuelto loco y no pienso dejar de hablar sobre hermandades. Es sólo que a veces hay que hacer un alto en el camino para coger fuerzas, y ¿por qué no?, contar una histora al calor del fuego.

Os recuerdo que esto no es más que un resumen de lo que ya fue publicado en PEM, si queréis leerlo íntegro junto con los comentarios de los lectores podéis hacerlo aquí.

PD: No os olvidéis de que estamos intentando que este sea el año de la mujer jugadora. Colaborad con nosotros para que podamos hacerlo posible.

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