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El taller del gnomo

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Todo sobre las hermandades en World of Warcraft


Escuela de mercenarios (parte 2)

Publicado por Potopo Roscatuerca activado 23 Octubre 2014, 00:30am

Etiquetas: #Hace un mes en Mulgore, #relato, #hermandad, #plaga, #cuento, #historia, #Azeroth

Escuela de mercenarios (parte 2)
Como cada semana empiezo poniendo a continuación el resumen de 1 artículo que ya había sido publicado en Pastando en Mulgore.

Esta entrada es la 2ª parte de la que publiqué la semana pasada, así que si no la habéis leído deberíais de hacerlo antes de seguir adelante.

La semana pasada interrumpí al bardo porque tanto cantar se hacía demasiado largo, así que tuve que interrumpirlo y volverlo a invitar a una cerveza, pero ahora que ya se la ha terminado es momento de continuar. Así sigue la historia.


Las siguientes semanas fueron lo más caótico que puedo recordar, todo el mundo nos trataba como si fuésemos héroes y hubiésemos hecho algo imposible, pero nosotros no nos sentíamos así. Habíamos sobrevivido sí, pero algo de nosotros había muerto aquel día.

Murió nuestra inocencia y esperanza, ahora conocíamos el lado oscuro de la guerra y también el precio de la victoria. Pero nadie más parecía notarlo, por desgracia la realidad en estos casos no es como en los cuentos, no hubo oro ni gloria, y tan sólo obtuvimos cicatrices y pesadillas.

Lo peor fue saber que nuestro esfuerzo no había servido para nada. Aquella batalla sólo fue la primera de muchas. Los no-muertos no dejaron de venir, y a falta de un ejército que los detuviese, los campesinos acudieron a nosotros. Aprendimos rápido porque no nos quedaba más remedio pero no queríamos aquello, sólo hacíamos lo que era necesario para sobrevivir.

Conseguimos algunas armas y aprendimos a manejarlas, nuestras madres nos hicieron unos tabardos blancos con el borde azul y un arado cubierto de sangre bordado en el centro. El día en que nos los equipamos hicimos el juramento de no dejar de luchar hasta que la plaga estuviese lejos de nuestras tierras y adoptamos como propio el nombre que otros ya nos habían dado, la compañía de los protectores del inocente.

Empezamos a ir de pueblo en pueblo luchando donde se nos reclamase, y al final poco a poco otros comenzaron a unirse a nuestro grupo. Al principio sólo éramos 5 sin experiencia ni equipo, pero en poco tiempo la compañía creció; llegó hasta nosotros gente de todas partes, de Trabalomas, de Andorhal, de Ventormenta y de muchos sitios mas. Y todos venían con ganas de luchar.

No todos eran como nosotros unos pobres campesinos, había también gentes de buena familia buscando venganza; cazadores furtivos acompañados de bestias salvajes, guerreros veteranos, servidores de la luz e incluso algún que otro exconvicto. A ninguno le preguntamos por su pasado, tan sólo les hicimos prestar juramento, y desde ese día los tratamos como a hermanos.

En esas circunstancias el tiempo pasó rápidamente, fue duro y perdimos a muchos buenos compañeros, pero a los pocos meses prácticamente habíamos erradicado la plaga desde Tuercespina al paso de Dun Modr, habíamos triunfado… o eso pensaba yo.

Después de ver tanta sangre estábamos agotados, del grupo original de 5 sólo quedábamos 3, y una noche al calor de una hoguera como esta decidimos que era hora de volver a casa. Reunimos a nuestras tropas, más de 60 hombres y y mujeres entre humanos y enanos en aquel entonces, y a todos ellos les comunicamos nuestra decisión. Para nosotros la guerra había terminado, y nuestras tierras ya no corrían peligro, era el momento de regresar y mantener aquello que habíamos conseguido.

La mayoría agradeció la noticia, pero unos pocos no quedaron contentos, ellos querían más. Más lucha, más poder, mayor gloria… más sangre. Aquella noche la discusión fue acalorada, hubieron gritos insultos y puñetazos, nos dijimos de todo y no conseguimos ponernos de acuerdo en nada.

Nosotros 3 volvimos a contar la historia desde el principio, el como habíamos empezado nuestra lucha y porqué lo habíamos hecho. Al principio sólo queríamos proteger a nuestra gente, alejar la plaga de allí y poder volver a nuestras vidas, no queríamos hacer la guerra, tan sólo defender y liberar nuestras tierras, y al final lo habíamos conseguido.

No sirvió de nada, a la mañana siguiente sólo quedábamos 16. Los demás se habían marchado hacía el norte en busca de más batallas, montaron su propia compañía y eligieron su camino. Nosotros simplemente volvimos a casa.


Ya sé que esta entrada no es como las demás a las que os tenemos acostumbrados, pero si algo debo agradecer a PEM es que nunca me ha puesto trabas para escribir lo que yo quiera; y esto quería escribirlo.

Por desgracia la historia es larga y el bardo sigue teniendo sed, así que por hoy dejaré que siga bebiendo mientras yo le pago la cerveza, pero prometo que la semana que viene terminaré la historia… si el bardo no tiene resaca.

Os recuerdo que esto no es más que un resumen de lo que ya fue publicado en PEM, si queréis leerlo íntegro junto con los comentarios de los lectores podéis hacerlo aquí.

PD: No os olvidéis de que estamos intentando que este sea el año de la mujer jugadora. Colaborad con nosotros para que podamos hacerlo posible.

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